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Mente y emociones

Problemas familiares afectan directamente la concentración en el estudio y el rendimiento escolar

Los problemas familiares, como la violencia conyugal o de padres a hijos, la falta de comunicación, entre otros, afectan directamente la concentración en el estudio y el rendimiento escolar, sostuvo hoy el especialista en educación, Jaime Kusnier.

El experto explicó que suele suceder que cuando los niños no prestan atención en clase o tienen dificultades para concentrarse al momento de estudiar, están pensando en la discusión o pelea que tuvieron sus padres y esa desagradable experiencia les provoca estrés y temor.

Kusnier agregó que el desarrollo intelectual y emocional de los hijos requiere de una estabilidad familiar, la cual contribuye a lograr el equilibrio mental. “De los padres depende crear un clima apropiado para el correcto crecimiento físico, psicológico e intelectual de sus hijos”, enfatizó.

Comentó que cuando ocurra una discusión en el hogar, los padres deben evitar proferir lisuras o insultos de grueso calibre, porque esas palabras quedan grabadas en la mente de los hijos, sobre todo si son pequeños.

Otro aspecto fundamental es la comunicación entre padres e hijos, en la que los primeros deben saber escuchar y mostrar interés en el desempeño de sus hijos, afirmó. 

Estimular el razonamiento

Kusnier expresó que otro tema importante es tomar en cuenta que el aprendizaje debe ser consecuencia del razonamiento y no de la memorización de los conocimientos.

Afirmó que corresponde también a los padres enseñar a sus hijos que razonen antes de memorizar la información que reciben, que analicen y vean siempre con un espíritu constructivo el conocimiento.

Un interesante método para lograr el habito por el estudio es conocer la verdad mediante un estudio psicopedagógico. “No existen los vagos, lo importante es conocer la causa que provoca el desinterés  por el estudio y trabajar en revertir esa situación”.

EL ALUMNO CON PROBLEMAS DE CONDUCTA Y DE RENDIMIENTO

 La mayoría de los alumnos que presentan dificultades emocionales y conductuales poseen leves alteraciones en su desarrollo cognitivo, psicomotor o emocional, sin que –en general– puedan ser asignados a categorías diagnósticas específicas tales como retardo mental, síndrome de déficit atencional o trastornos específicos del aprendizaje.

La duración, la frecuencia y la intensidad con que ocurre la conducta disruptiva son algunos de los elementos que permiten concluir que el alumno presenta un problema.

Cada estudiante presenta características cognitivo-afectivas y conductuales distintas, y las escuelas, en general, otorgan una enseñanza destinada a niños “normales” o “promedio” que prácticamente no presentan diferencias entre sí y que no muestran alteración, desviación, déficit o lentitud en ningún aspecto de su desarrollo. Esto provoca que todos los niños que por alguna razón se desvían o alejan de este “promedio” están en riesgo de bajo rendimiento y de fracaso escolar. Un estudiante en riesgo no significa que sea retrasado o que tenga alguna incapacidad. La designación “en riesgo” se refiere a características personales o a circunstancias del medio escolar, familiar o social que lo predisponen a experiencias negativas tales como deserción, bajo rendimiento, trastornos emocionales, alteraciones de la conducta, drogadicción, etc.

Los factores de riesgo del estudiante incluyen déficits cognitivos, del lenguaje, atención lábil, escasas habilidades sociales y problemas emocionales y de la conducta. Los factores de riesgo de la escuela se refieren a aquellas características y circunstancias específicas ligadas a los docentes y administrativos como los prejuicios y las bajas expectativas de rendimiento, la inhabilidad para modificar el currículo, la falta de recursos y la carencia de estrategias de enseñanza adecuadas, la estructura, el clima organizacional y los valores del sistema escolar.

Cambiar hábitos alimenticios, mejorar la salud emocional

Si estás interesado en explorar cómo la comida puede estar afectando a tu salud emocional, puedes llevar un diario de alimentos durante al menos dos semanas. Anota todo lo que comes y bebes, y tu estado de ánimo antes y después.Puede sonar tedioso, pero también muy útil.

Si puedes apreciar el patrón de cambio, es posible que quieras buscar un nutricionista para que te ayude a hacer los cambios necesarios. Las dietas deben ser individualizadas para mejorar todo lo posible nuestra salud emocional.

Comer sano y cambiar nuestros hábitos de alimentación es más sencillo de lo que parece. Empieza despacio y ve introduciendo los cambios a lo largo del tiempo. Los cambios radicales en la alimentación generalmente conducen al fracaso.

Se trata de hacer cambios para mejorar. No debemos desanimarnos o deprimidos si metemos la pata un día. Considera ese día como un paso en falso y toma medidas más saludables en el futuro. El camino hacia una salud emocional plena puede empezar en nuestra mesa.

Las dificultades emocionales y de la conducta en los escolares constituyen un serio y difícil problema tanto para la educación y la salud mental de los estudiantes como para los padres cuyos hijos no logran en la escuela un rendimiento acorde con sus esfuerzos y expectativas.
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